FÚTBOL: FENÓMENO DE FENÓMENOS: Clásicos
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sábado, 20 de noviembre de 2010

La historia política y económica del Barça-Madrid

Queda una semana para que se dispute uno de los partidos más seguidos a nivel mundial, unos 1.000 millones de audiencia televisa (ver post Real Madrid-Barcelona: un clásico de macrocifras), que este año adquiere unas connotaciones especiales si tenemos en cuenta que el Barça vive uno de los mejores momentos de su historia y el Real Madrid parece resurgir con la figura de Mourinho. Pero más allá de lo deportivo, ¿por qué el interés por este partido y la rivalidad entre ambos clubes?

En mi libro Fútbol: Fenómeno de Fenómenos relato parte de ello. Comprender lo que representa el “gran clásico” implica darse un paseo por la propia historia personal de Cataluña y del estado español. A finales del siglo XIX, Barcelona era una región industrial con una importante actividad mercantil. Tan sólo EEUU, Inglaterra y Francia podían competir con la producción textil catalana. No obstante, si bien Cataluña contaba con un protagonismo económico notable, el poder político estaba concentrado en Madrid, con lo que los intereses del gobierno central y los de los capitalistas catalanes chocaban frontalmente. Para los nacionalistas, Cataluña era símbolo de la modernidad y el progreso, mientras que Madrid era símbolo del subdesarrollo y el retraso. Mientras el centro luchaba por salir adelante, la burguesía catalana abría sus puertas a las influencias extranjeras a través del comercio.

Esta supremacía catalana no era del agrado del Estado español que la veía como una región de ideas separatistas. Por su parte, los catalanes acusaban al Estado de falta de sensibilidad ante la realidad social. En este contexto histórico surgió el Barcelona Football Club que fue fundado oficialmente el 29 de noviembre de 1899 por el suizo Joan Gamper. Un año después, el 28 de octubre de 1900, a iniciativa de Ángel Rodríguez, nacería la Sociedad Española de Football, que más tarde pasaría a llamarse Club Español de Football, y en 1912, con la concesión del título de “real” por parte de Alfonso XIII, Real Club Deportivo Español. El club blanquiazul, compuesto por castellanos, nació como reacción al club catalán, formado en su mayoría por extranjeros. Pronto, la rivalidad entre ambos equipos se dejó notar. El nombre de “español”, en primer lugar, y el título de “real” después, no eran del agrado de la hinchada culé que veía ambos símbolos una provocación a lo que Cataluña representaba. De este modo el RCD Español se convirtió en el gran rival del FC Barcelona, “el espectro del centralismo en su propia casa” y, en consecuencia, “el enemigo interior a combatir”. El diario Marca recogía en sus páginas: “Mientras el Español era un equipo patriota formado por buenos y sanos españoles, el Barcelona era catalanista hasta la médula haciendo propaganda de un régimen insoportable”.

Asimismo, el club blaugrana desde sus orígenes manifestó activamente sus simpatías políticas participando en numerosos actos para reivindicar la causa catalana, algo que el club blanquizaul no hizo: “El Español y el Barcelona llevaban una mascarilla demasiado pequeña para que no se adivinara enseguida el verdadero sentido de ellas. El deporte era la careta que cubría el sentido político. Uno, el Español, dirigido por personalidades de un matiz conocidísimo como español y patriota y que, arrastrados a la lucha, procuraron de su peculio engrandecer al club y a su nombre, para mostrar al rival de lo que eran capaces un buen puñado de buenos españoles fuesen de dónde fuesen. Otro, el Barcelona, ocupado constantemente en dar en el seno de la sociedad el tono catalanista hasta en su correspondencia, acudía con banderas de colores a actos políticos catalanistas”.

El 14 de junio de 1915, el Barcelona y el Júpiter disputaban en Les Corts –antiguo estadio del club culé– un partido de homenaje al Orfeó catalán. La banda de música de un buque británico atracado en el puerto aprovechó el descanso del partido para interpretar el himno español. Los 12.000 asistentes catalanes presentes comenzaron a abuchear. El desprecio le costó al club una sanción, el estadio se clausuró 6 meses y Gamper tuvo que exiliarse.

Durante la dictadura de Primo de Rivera (1923–1929) se eliminó la bandera catalana y la lengua oficial fue abolida. Con los dos principales modos de expresión eliminados, muchos vieron en el barcelonismo una forma de manifestar su reacción contra el régimen y un símbolo de resistencia nacionalista, por lo que se afiliaron al club culé. La bandera del Barça sustituyó a la senyera en las manifestaciones políticas de la época, lo que sirvió para reforzar más la vinculación del equipo con la autonomía catalana: “El fútbol español ha jugado ciertos protagonismos políticos en determinados momentos. Sus socios y simpatizantes se han servido muchas veces del poder de convocatoria de la entidad para convertirla en banderín de enganche. Algunos clubes han sido en sí mismos la representación más evidente de un movimiento político en los momentos en que éste ha estado perseguido”.

Con la proclamación de la República, el 14 de abril de 1931, se abría un nuevo episodio en la historia de España. En 1932, se reconocía el carácter diferencial de Cataluña al tiempo que el RCD Español era despojado del título de “real”. Sin embargo, la guerra civil (1936–39), la derrota de la República y la llegada del Generalísimo al poder, marcó una nueva etapa. El invento del Barça como “el ejercito sin armas de una nación sin estado” o “la sublimación épica del pueblo catalán en un equipo de fútbol” se hizo más evidente con Franco en el poder. Por si fuera poco, el presidente del Barça, Josep Sunyol, había sido fusilado en 1936 cerca de la Sierra de Guadarrama por la Coalición Nacionalista: “El Barça fue el símbolo de la posición política de la burguesía nacional y de la pequeña burguesía catalana hasta la guerra civil; después, fue la única forma de expresión elíptica de un conjunto de sentimientos. La prueba principal de esta afirmación reside en el hecho de que los inmigrantes integrados son seguidores del Barça, los no integrados, del Español”.

Con el Caudillo, la rivalidad futbolística con un marcado carácter regional a través del enfrentamiento entre periquitos y culés, quedó en un segundo plano y se trasladó al enfrentamiento entre el Real Madrid –símbolo de la españolidad– y Barcelona –símbolo de la catalanidad–. Franco, al igual que Primo de Rivera, trató de eliminar cualquier brote nacionalista, pero mientras este último reaccionó también de manera aplastante contra el Barça, el primero, más inteligente, vio al club culé como un mal menor con el que convivir y por medio del cual los catalanes podían desahogarse: “[Franco] trató de borrar todas las rivalidades regionales en España, excepto en el fútbol. Promovió el fútbol como un medio saludable para que las regiones descargasen sus tensiones. Como los catalanes no tenían partidos políticos, ni gobierno regional, ni derecho alguno a usar su propia lengua, pusieron todo su orgullo cultural en el Barça. En un partido del Barça, la gente podía gritar en catalán y cantar canciones tradicionales cuando no podía hacerlo en ningún otro lugar”.

Pronto, el fútbol como catalizador de la oposición regionalista adquirió una dimensión mayor: “Lo que está muy claro en el fútbol español es que el deporte balompédico es, en realidad, un semanal enfrentamiento político. El Real Madrid representa algo, y el barcelonista lo sabe; el Barça representa otro algo también, y el madridista también lo sabe”. El presidente del Real Madrid, Santiago Bernabéu, refiriéndose al presidente del RCD Español entre 1967 y 1969, Juan Vila–Reyes, decía: “Le admiro porque preside en Cataluña un club que se llama Español. Eso sí que tiene mérito”. Para el escritor Vázquez Montalbán, “el Barcelona y el Real Madrid son algo más que un club porque asumen valores políticos añadidos. El Barcelona sería algo así como el ejército simbólico desarmado del nacionalismo catalán, y el Real Madrid, el representante del Estado español, papel que se le atribuyó en los tiempos de Franco”.

Durante la dictadura, el Barça sería fichado en los archivos de la Dirección General de Seguridad, como “elemento peligroso y hostil al régimen”. En el expediente abierto al club con el número 29708, se detallaba: “Este club explota su rivalidad con el Español para hacer política catalanista y le rodea un público apasionado, en su mayor parte de ideas separatistas”. Vázquez Montalbán escribió: “Cuarto en la lista de organizaciones que purgar, después de los comunistas, los anarquistas y los separatistas, se hallaba el Fútbol Club Barcelona”.

En 1943, ambos clubes debían medirse en partido de semifinales de la Copa del Generalísmo. En aquella época se había decretado una amnistía que amparaba a los exiliados durante la guerra. En el Barça militaban tres jugadores que habían permanecido huidos después de una gira por América con el club. El partido de ida en Les Corts se había resuelto a favor de los catalanes por 3-0. Antes del comienzo del encuentro de vuelta, uno de los máximos responsables de seguridad entró en el vestuario blaugrana y les recordó: “No olvidéis que algunos de vosotros estáis jugando gracias, únicamente, a la generosidad del régimen, que ha olvidado vuestra falta de patriotismo”. El club culé recibió una sonora goleada: 11–1. Del incidente dio cuenta Samarach en el diario La Prensa. La crónica fue objeto de felicitación por la directiva barcelonista pero el atrevimiento le valió una sanción ejemplar y tuvo que dejar de escribir. El artículo decía: “Quizá si la victoria hubiera sido 4–0 nos volcaríamos a reprochar a éste o aquel jugador del Barcelona. Pero un 11–1 son diez tantos de ventaja. Muchos, demasiados, para que no se busque otra razón que pueda explicarnos este resultado. Si los azulgranas hubieran jugado mal, francamente mal, el marcador no hubiera alcanzado esa cifra astronómica. Lo que pasa es que no jugaron”.

Filosofía culé

La filosofía del Barça viene definida por el lema acuñado por Cirici y Mercè Valera en 1975 “más que un club”, frase que sintetiza de manera explícita los valores que el conjunto blaugrana representa: “Casi nunca una frase tan corta ha podido significar tantas cosas. Cuando alguien ha dicho que el FC Barcelona era más que un club, estaba aludiendo a un fenómeno sorprendente, y creemos que único en el mundo, de una institución deportiva revestida de tanta trascendencia”. Otro presidente de la institución, Narcís de Carreras, lo expresaba en estos términos: “Somos lo que somos y representamos lo que representamos”; igual que el dirigente Agustí Montal i Costa (1969-1977): “El Barça es mucho más que un club. Uno de los éxitos del Barcelona es su poder como entidad integradora de la gente que llega a nuestra tierra y se identifica por medio de nuestro club con nuestra manera de ser”.

Uno de los acontecimientos más relevantes en la historia del club como institución, fue el memorable 5–0 en el Estadio Santiago Bernabéu la noche del 18 de febrero de 1974, con Cruyff como director de orquesta. Algunas crónicas apuntan peyorativamente que el proceso de transición hacia la democracia no comenzó en diciembre de 1973 con el asesinato del almirante Carrero Blanco sino aquella noche épica: “El Barcelona acababa de derrotar a sus mortales rivales del Real Madrid, y prácticamente todo el mundo, jóvenes y viejos, hombres y mujeres por igual, salió a la calle para celebrarlo. Aquella noche hubo más senyeras rojas y amarillas que banderas azulgranas del Barça, particularmente a lo largo de las Ramblas y en la plaza de Catalunya, y la canción que cantaba la multitud era el himno catalán proscrito, Els segadors”. La humillación sirvió para que algunos calificaran a ese año como el mil novecientos cero cinco. Hoy todavía la gesta se sigue celebrando: “Hay victorias tan gozosamente sentidas que son motivo de celebraciones en aniversarios señalados. Para el Barça es casi fiesta de guardar el 0–5 de 1974 en el Estadio Santiago Bernabéu. Los veinte años de aquella gesta no pasaron inadvertidos. Humillar al contrario, aunque sea con efemérides que no han vivido miles de socios, forma parte de la pugna permanente”.

Con la democracia en marcha

El 28 de diciembre de 1975, poco después de la muerte de Franco, el Real Madrid debía jugar en el Nou Camp. Los catalanes esperaban con ansia el encuentro. Numerosas banderas catalanas lograron colarse al interior del estadio. El equipo local venció por 2-1. La afición estalló de alegría y celebró la victoria deportiva con sabor político. Años más tarde y ya con la democracia más consolidada, en una final histórica de la Copa del Rey en 1983, el Barça se imponía a su eterno rival por 2-1, triunfo que el alcalde socialista de la ciudad catalana, Pascual Margall, calificó así: “Esta victoria satisface los deseos de todo un pueblo”.

El presidente del Barça hasta 2010, Joan Laporta, también hizo gala de su catalanidad durante su viaje oficial a Bosnia–Herzegovina en 2005. En el discurso ante las autoridades del país decía: “El Barça es un club de Barcelona, capital de nuestro país, Catalunya. Estamos orgullosos de ser catalanes y aquí podemos manifestar esos sentimientos con el mismo orgullo que vosotros decís que sois bosnios”. En una entrevista a El Mundo, el dirigente decía: “El Barça es un club poliédrico, promueve unos valores que son universales como el civismo, la deportividad y el hecho diferencial de que es un club catalán de fútbol que está muy vinculado y entroncado con la sociedad catalana. Para un catalán del Barça, la catalanidad del club es muy importante”. Y también: “La catalanidad del Barça es una realidad. Es entendida, comprendida y aceptada por todo el barcelonismo. Nuestra directiva es catalanista. El Barça ha tenido históricamente un papel extraordinario para promover los valores del catalanismo. A nivel político también ha tenido ese papel. Ya desde sus inicios, Hans Gamper, que era suizo, tuvo la habilidad de vincular mucho al club con Cataluña. En los años 20, la entidad ya se posicionó en cuestiones como el apoyo al Estatut y ya se consideró al Barça como el club de Cataluña. Ahora somos más que un club en Cataluña, más que un club en España y estamos en el marco de una estrategia corporativa para ser más que un club en el mundo”.

En la actualidad (y como siempre), en Can Barça los triunfos barcelonistas son celebrados por el soci culé con un “¡Visca el Barça!” seguido de un incondicional “¡Visca Catalunya!”, símbolo ideológico de la identidad del club con el regionalismo catalán.

* Hoy en el Blog de Aprende del Deporte (@aprendeldeporte) el post: No, así no, de cualquier forma no; y también el reportaje Cuestión de pelotas, de Documentos TVE, sobre el fútbol femenino y sus dificultades para salir adelante.

sábado, 10 de abril de 2010

Real Madrid-Barça: un clásico de macrocifras

En el libro "Fútbol: Fenómeno de Fenómenos" dediqué un epígrafe con el título: "Real Madrid-Barça: un clásico de macrocifras". Se refería ese evento al celebrado en el Bernabéu el 19 de noviembre de 2005. Lo que allí se decía es plenamente replicable al de hoy. Decía así:

"Los Real Madrid–Barcelona no son partidos normales. Trascienden lo deportivo y se convierten en un auténtico fenómeno social seguido por multitudes en los cinco continentes. Los aficionados esperan estos enfrentamientos como agua de mayo y varias semanas antes del choque los medios de comunicación se preocupan de preparar el ambiente. Hasta los diputados parlamentarios participan en la clásica “porra” organizada por los periodistas que cubren la información en el Congreso de los Diputados y hasta allí se desplazan las cámaras de televisión para grabar a sus “señorías” con el bolígrafo en mano para escribir su pronóstico del partido.

Las cifras manejadas en un encuentro de este tipo –tomamos como ejemplo el del 19 de noviembre de 2005– son espectaculares a todos los niveles. Cuando los partidos se disputan en la capital, sólo en la entidad blanca trabajan más de 1.500 personas que cuidan hasta el mínimo detalle para que todo transcurra según lo previsto.

La seguridad es uno de los apartados más delicados en estos partidos por la rivalidad entre ambos conjuntos. Alrededor de unos 230 vigilantes y 707 Auxiliares están al tanto de cualquier incidencia. La coordinación con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado es máxima. Otros 400 policías nacionales y más de 120 municipales velan por el orden. Además hay que sumar entre 12 y 14 efectivos a caballo junto a entre 6 y 8 perros policía. En estos partidos se requisan alrededor de 1.500 tapones de plástico y unas 1.100 latas de bebidas, junto a otros objetos susceptibles de ser lanzados al terreno de juego. Se registran unas 10.000 mochilas, 5.000 bolsos y otras tantas bolsas de plástico. 5 miembros de seguridad vigilan cada una de las 57 puertas del Estadio.

Se pueden llegar a emplear más de 50 inhibidores de frecuencia, que en momentos puntuales llegan a afectar a los más de 30.000 teléfonos móviles que pueden utilizarse un día de partido. Por esa razón, el Club es pionero en la utilización de transmisores tetradigitales, un sistema de comunicación más seguro y moderno (que necesita la instalación de 20 señales de antenas), aunque también se siguen utilizando los teléfonos móviles y los tradicionales walkies. En total, más de 300 transmisores, que en un partido como el del Barcelona pueden realizar más de 60.000 transmisiones de datos. Se calcula que los 50 responsables de seguridad pueden recorrer un total de más de 200 kilómetros por todo el estadio.

Existen 350 cámaras de seguridad distribuidas por todo el Estadio, controladas desde la UCI (Unidad de Control Integral). Las puertas se abren y se cierran en apenas 4 segundos. Incluso si se fuera la luz, existen 60 pulsadores que liberan los tornos de forma manual. También hay 60 sirenas que lanzan destellos. La seguridad del Estadio es impecable. Durante el desalojo producido por amenaza de bomba en el partido Real Madrid–Real Sociedad del 12 de diciembre de 2004, se probó que en apenas 7 minutos, los 80.000 espectadores habían salido fuera del Estadio. Hubo zonas que quedaron vacías en poco más de 2 minutos.

Estos partidos, denominados de “alto riesgo”, hacen que los servicios sanitarios estén alerta ante cualquier problema médico que acontezca. Se destinan 60 miembros de la Cruz Roja a cubrir el evento y 10 miembros más de protección civil. En las inmediaciones del Santiago Bernabéu hay ubicadas 6 ambulancias y 6 UVIS móviles del Samur. Por todo el Estadio hay distribuidas 6 clínicas avanzadas con dotación médica de la Cruz Roja, y coordinadas por los Servicios Médicos del Real Madrid. En un partido normal, se suelen atender entre 5 y 10 asistencias.

El palco presidencial, donde se dan cita las autoridades, tiene capacidad para 307 personas. Por su parte, los “Palcos VIPS”, la zona más exquisita del estadio, reúnen a 4.500 personas. A estas ubicaciones se accede por los 12 ascensores panorámicos atendidos cada uno de ellos por 12 ascensoristas. En esta área trabajan 320 azafatas, 130 camareros y 20 cocineros. El consumo medio en estos partidos es de: 40 jamones, 80 lomos, 10.000 canapés, 4.600 mini–chapatas, 200 kilos de almendras, 150 kilos de patatas fritas, 6.000 pasteles o 250 litros de café y 250 litros de leche. Los asistentes ensucian unas 20.000 servilletas de papel. El abastecimiento de las neveras de los palcos tarda 2 días en realizarse y a cuyo frente están 25 personas. El mismo día del partido se distribuyen 500 kilos de hielo. Por si amenaza lluvia, el club cuenta con 3.000 chubasqueros para que ninguno de los inquilinos de esta zona se moje.

En el resto del estadio hay 70 bares distribuidos a los que hay que añadir la barra de la pizzería. 230 personas en total atienden estos servicios. Entre un 15% y 20% de los espectadores suelen pasar por sus barras. 50.000 unidades de refrescos, entre 3.500 y 4.000 bocadillos, y 7.000 bolsas de palomitas y de patatas fritas, entre otros productos, están dispuestas para ser servidas. También se venden unas 1.000 porciones de pizzas y otros 1.000 hot–dogs.

En cada partido hay 80 vendedores de almohadillas, situados estratégicamente en 50 puntos diferentes del Estadio. Hay 1 empleado de limpieza en cada uno de los 130 aseos del campo. Se emplean en torno a 800 rollos de papel higiénico y más de 200 litros de jabón de mano. Otros 20 empleados más cuidan de la limpieza de asientos, galerías, y otro tipo de mobiliario.

En cada partido se acumulan 20.000 kilos de basura, que se encargan de recoger entre 50 y 60 operarios, conocidos cariñosamente como los “cazafantasmas”. Hay distribuidas 1.200 papeleras que suelen almacenar unos 8 kilos de residuos en un día de partido.

4 jardineros trabajan desde primera hora de la mañana para que la “alfombra verde” esté en perfecto en estado. Sus funciones incluyen: segar, regar, pintar las rayas, fijar las redes en las porterías, limpiar los alrededores, y controlar la calefacción del césped. Para pintar las rayas del campo –antiguamente se utilizaba cal pero se suprimió porque quemaba la piel de los futbolistas–, se utilizan entre 30 y 50 litros de pintura plástica de color blanco.

En la zona privada de los vestuarios, está todo dispuesto para que los protagonistas del partido puedan reponer fuerzas al final de los primeros 45 minutos y una vez acabado el partido sin faltarles de nada. Entre el vestuario local y visitante se distribuyen conjuntamente: 100 litros de agua, 200 brick de zumos y refrescos, 8 litros de café, 8 litros de té, 16 litros de leche, y varias bandejas de frutas. Tres vigilantes privados se encargan de que nadie sin autorización pueda entrar en esta zona.

Para el árbitro, los dos linier y el cuarto árbitro encargados de dirigir el encuentro se disponen: 1 cesta de frutas, 20 botellas de agua, 20 brick de zumos, 5 litros de yogurt, 1 litro de café, 1 litro de té, 2 litros de leche, y unas bandejas con sándwiches y pasteles. Tienen a su disposición 14 toallas y un masajista si lo necesitan.

La entrada al Estadio de los espectadores se produce a través de 316 tornos cuya apertura tiene lugar una hora y cuarto antes del pitido inicial. La funcionalidad de los tornos permite la entrada de 80.000 personas en quince minutos. En cada puerta hay una terminal telefónica conectada con la UCI que permite comunicar cualquier incidencia.

La iluminación es otro de los detalles que hay que cuidar minuciosamente. Para alumbrar el terreno de juego son precisos 1.000 kilowatios, el equivalente a 10.000 bombillas “caseras” de 100 watios. Si fuera necesario encender los 1.240 radiadores de los que dispone el estadio se emplearían 400 m3 hora de gas que permiten que la sensación térmica de los espectadores se incremente entre 10 y 12 grados. En el partido también se consumen 140 m3 de agua, o lo que es lo mismo, 140.000 litros.

Las labores de mantenimiento corren a cargo de 8 personas (cerrajeros, fontaneros, peones…) más 6 electricistas preparados para solventar cualquier contingencia. De media se rompen unas 30 butacas por partido. Además, hay 3 técnicos que se encargan de los ascensores, 1 de megafonía, 2 para la climatización, 2 para la sala de calderas y para la calefacción de gradas y terreno de juego, así como 2 encargados que coordinan al personal que conduce las instalaciones, y 4 técnicos para los más de 680 televisores repartidos por todo el estadio.

La nueva megafonía del Estadio, estrenada en abril de 2005, cuenta con los últimos adelantos en sonido. Está compuesta por 18 cluster de 150 kilogramos de peso con una potencia de 103 decibelios, el equivalente a 50.000 watios de potencia. Este moderno sistema garantiza que la calidad de sonido sea homogénea en todo el Estadio. El volumen se adapta automáticamente al número de los espectadores que hay en el campo, incrementándose a medida que aumenta el número de espectadores. Otra novedad es la de incorporar el sonido ambiente a los palcos privados, de tal forma que aunque estén cerrados por cristaleras, reciben los sonidos del Estadio como si estuvieran al aire libre.

Los utilleros, 4 en total para la primera plantilla, son los encargados del material y la sombra de los jugadores. Se preocupan de que ningún detalle se escape y atienden las manías de los futbolistas –cada uno tiene las suyas– con mucho mimo. Para cada partido preparan 17 bolsas de material deportivo que pesan 20 kilos cada una; en total, 340 kilos compuestos por: botas (50 pares de taco y 22 pares de goma); cordones de botas (3 rollos); espinilleras (30 pares); medias (50 pares); calcetines (50 pares); calzoncillos: 50 pares; pantalones (2 juegos del dorsal 2 al 46, para todos los inscritos, en previsión de una baja o incorporación de última hora); camisetas (2 juegos del dorsal 2 al 46 de manga corta, y los mismos de manga larga); camisetas interiores (30 de manga corta, 30 de manga larga y 30 de tirantes); calentadores (20 blancos y 20 negros); chubasqueros (40 unidades); chandals de calentamiento (40 unidades); plumas (40 unidades); chandals de hotel (40 unidades); polos de hotel (40 unidades); zapatillas de hotel (40 unidades); brazaletes de capitán (5 azules y 5 blancos); brazaletes de luto en forma de cinta aislante (3 rollos); gorros (40 unidades); guantes (40 pares); sudaderas (40 pares); camisas y pantalones de portero (6 por portero, en 3 colores); camisetas de calentar (40 unidades); mallas blancas (40 unidades); petos de calentamiento y banquillo (15 unidades); toallas (120 unidades); chanclas (30 pares); sacos de montaña (15 unidades); tacos (400 de 4 medidas distintas, y 100 tacos de Adidas. La bolsa de tacos lleva también llaves de tacos, grasa para potas y cepillos).

El club cuenta con 10 personas (4 parejas y 2 responsables) dedicadas al control de calidad. Su misión consiste en recorrer el Estadio y anotar cualquier anomalía que pueda haber. Posteriormente, el club estudia y corrige cada incidencia para ofrecer el mejor servicio a los aficionados.

Existe una persona dedicada exclusivamente a la cubierta móvil que se pone en funcionamiento en caso de lluvia. Este técnico controla las condiciones climáticas: no se activa si nieva o si el viento es superior a los 28 nudos.

Más cifras. El delegado de campo dispone de 14 balones para el partido. Cada equipo tiene otros 10 más para realizar los calentamientos. 15 recogepelotas se encargan de que cada vez que el balón sale del terreno de juego se pierda el menor tiempo posible. Tiene 4 banderines para los córners y 2 más de recambio, todos de color blanco. También hay 6 banderines de repuesto de color rojo que nunca se han utilizado. En el túnel se guardan las 2 porterías de repuesto, así como otras 2 redes, también de repuesto (suelen cambiarse todas las temporadas). Aunque sólo utiliza un tablón eléctrico de cambio, tiene otros 3, de repuesto. Al banquillo del delegado de campo se llevan 2. Estos tablones hay que recargarlos todos los partidos. El delegado también tiene banderines, brazaletes y pulsadores electrónicos para los árbitros, por si los colegiados los necesitan (alguna vez se han necesitado).

La asistencia de peñas madridistas a este clásico también batió cifras. Hasta ese momento el récord estaba en 1.222. Ese día se elevó hasta 1.304, 23 de ellas procedentes del extranjero y 1.281 establecidas en España.

La cobertura televisiva del partido alcanzó a 51 países de los cinco continentes seguido por más de 1.000 millones de telespectadores. Más de 100 personas se encargaron de repartir antes del duelo 70.000 banderitas entre las butacas del estadio para formar un gran mosaico a la salida de los jugadores al césped".
* Hoy de despedida os dejo este excelente sketch de Mundotoons (@mundotoons) en El Mundo sobre la porra del Madrid-Barça que ha hecho Zapatero.